Desde hace algunos años la convivencia estrecha con el perro en los hogares ha formado una nuevamentalidad en torno al perro, ya no nos resulta extraño oír hablar de psicología animal, estamos al tanto de que nuestras mascotas también pueden sufrir estrés, depresiones, y otras alteraciones de la conducta, y nos sentimos responsables de su bienestar emocional tanto como físico.

No podemos ignorar que se trata de animales, con sentimientos, pero distintos al hombre, con necesidades conductuales que el hombre a veces no interpreta de la forma adecuada. Los perros son animales con un comportamiento muy evolucionado y complejo, en ocasiones pueden sentirse confundidos en una familia, la humana, que no reacciona según sus esquemas instintivos.

El perro ha desarrollado comportamientos sociales determinados que el ser humano no entiende de forma espontánea, tiene que aprender como propietario a interpretar la conducta de su mascota de forma correcta e intentar comportarse con él adaptándose en la medida de lo posible al esquema del perro, ya que no podemos exigir a éste que entienda nuestras complejas relaciones sociales.

No se trata de intentar justificar el mal comportamiento de un perro como una conducta natural y por lo tanto ignorarlo, sino conocer su causa para poder corregirla de forma adecuada, sólo un profundo respeto por la naturaleza de nuestro perro nos puede llevar a solucionar sus problemas y volver a una convivencia tranquila.

Definir una conducta como "anormal" no es fácil. Muchas veces salta la voz de alarma porque aparecen conductas molestas para el hombre, no debemos confundir cualquier conducta incómoda para la convivencia como trastorno del comportamiento. La agresividad dominante, por ejemplo, es una conducta natural en el perro, pero no deseable para la
familia. Si se trata de una alteración de la conducta tenemos dos opciones: impedir la aparición de la conducta molesta o solucionar la causa del problema intentando volver a adaptar al perro a su

ambiente. Si se trata de una conducta normal en el perro, pero molesta para el dueño, tan sólo habrá que plantearse una mejor educación del perro para solucionar el problema, o facilitar la natural liberación de la conducta; por ejemplo es totalmente natural que durante el cambio dedentición el cachorro mordisquee cuanto tenga a su alcance, no debemos tratar de evitar que rompa algo valioso impidiéndole desarrollar una conducta que responde a una necesidad, sino que debemos poner a su disposición objetos que pueda morder como "huesos" de piel prensada.

Solucionar una alteración de la conducta senta un gran reto para el dueño. Lo normal es que sea necesario ponerse en manos de un profesional. Además de un amplio conocimiento en etología y psicología canina, en una buena parte de los casos se requerirá además una ayuda éxtra que nos proporcionarán determinado medicamentos por lo que será necesaria también la colaboración de un veterinario.

Si nuestro veterinario tiene experiencia en tratar este tipo de problemas de conducta podemos recurrir a él en exclusiva, pero existen otros profesionales a los que podemos recurrir. En cualquier caso nunca debemos medicar al perro si no es bajo supervisión del veterinario. Lo ideal sería una colaboración total entre el adiestrador o psicólogo y el veterinario, el adiestrador debería trabajar en la rehabituación del animal a su entorno y el veterinario aportar el tratamiento para hacer posible que esta reeducación se lleve a la práctica.

En cualquier caso quien tiene la máximaresponsabilidad es, como siempre, el dueño, que debe seguir las instrucciones de sus consejeros al pie de la letra, aunque esto implique largos tratamientos y molestias añadidas.

 

 

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