Esta tarde he llegado del trabajo, he encendido el ordenador y me he quedado mirando la pantalla en blanco, pensando ¿y de qué escribo yo este mes?. No tenía ni idea así que me he ido a la calle con mis perros. Se han acercado a saludar a otro perrito. La dueña rápidamente ha tirado de la correa, alejándole de mis fieras, y yo pensé “pues tendrá malas pulgas el caniche”, pero la explicación de la señora me ha dejado a cuadros: “Aleja a tu macho no vaya a ser que se peguen, es que este es un cachorro”. El pobre perro tiraba hacia los míos intentando corresponder al saludo de nariz que le estaban haciendo, la señora sólo ha consentido que se acercara mi pequeña, y porque era como la mitad que el suyo, aun así interponiendo la pierna entre medias. Me ha dado mucha pena ese perrito. Nunca le faltará el calor de un hogar, no será abandonado, no pasará hambre o frío, siempre habrá una caricia para él... pero no envidio su vida, privado de la compañía de los suyos, marginado de la “sociedad perruna”. |
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El perro es un animal social, vive en grupos organizados en los que los individuos se relacionan entre sí de una forma organizada. |
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| Cualquier grupo de animales no es una sociedad, para que haya sociedad tiene que haber una ínter actuación entre sus miembros. | |
LA VIDA EN GRUPO ¿Por qué vivir en sociedad? Evidentemente existen muchas ventajas, la protección contra depredadores, la caza en común, defensa del territorio frente a clanes rivales... Si sólo valoramos estos aspectos podríamos llegar a pensar que la sociedad perfecta es aquella en la que todos los miembros de una misma especie permanecen unidos. Nada más lejos de la realidad. Imaginemos por un momento que todos los perros o lobos, o alces, se unieran en una manada o rebaño descomunal, pronto agotarían los recursos acabando por extinguir la especie. |
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La evolución ha premiado, pues, una solución intermedia. Existen unos lazos que unen al grupo y otros factores que los separan, del equilibrio entre ambas fuerzas resulta el éxito evolutivo. Lo que nos separa de otros individuos de nuestra misma especie es la agresividad. No es mala, está ahí por algo, es el “egoísmo” evolutivo que incita a los animales a alejar a los machos rivales para quedarse ellos con las hembras, o a alejar a cualquier congénere para proteger a sus crías. |
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NO LE HARÁN DAÑO Para llegar a un equilibrio entre estas dos fuerzas opuestas los seres que viven en sociedad han desarrollado unas pautas de conducta ritualizadas, una sociedad muy comunicativa que evita los enfrentamientos directos mediante la “simulación” de auténticas luchas. Imaginemos por un momento una manada de lobos, si cada vez que algún ejemplar se acercase a la comida el animal dominante luchase con él, los derramamientos de sangre serían continuos, no harían falta depredadores para aniquilar la especie, se autodestruirían. Para controlar eso han desarrollado un lenguaje, unas “amenazas” previas mediante vocalizaciones y posturas que ponen de manifiesto la fortaleza de los contrincantes sin poner en peligro sus vidas. Incluso si con estas “bravuconadas” de gruñidos, posturas amenazantes y pelos erizados, ninguno de los animales se da por vencido, la pelea se iniciará con el mínimo derramamiento de sangre. En cuanto uno se rinda el dominante debería de frenar su ataque. En una sociedad regida por la selección natural esto es así siempre, ya que la naturaleza castiga a los ejemplares excesivamente agresivos: el grupo se separará de ellos evitando así la reproducción y por lo tanto la perpetuación de esa característica en generaciones futuras.
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LA SOCIALIZACIÓN Para que se desarrolle todo este repertorio de conductas tanto de agresividad o sumisión como de ritual de cortejo de la pareja etc, es necesario que nuestro perro se reconozca como parte de una sociedad. Se produce en un momento concreto de la vida del cachorro entre la cuarta semana de edad y los tres meses, en este momento debemos procurar que el perro tenga relación con seres humanos, con otros perros y con cualquier otra especie con la que queramos que el animal se relacione de forma familiar, por ejemplo con gatos. |
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Cuando decimos que el perro nos considera de su misma especie no es, por supuesto, que nos vea como perros y nos trate igual que lo hace con sus congéneres auténticos, pero lo que sí hace es aceptar a nuestra especie como miembros de su sociedad, con los que mantendrá comportamientos distintos a los que desarrollará con especies ajenas a la suya: se comunicará con nosotros, nos incluirá dentro de la escala jerárquica etc. |
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Los perros que no han sido socializados de cachorros nunca corregirán del todo su comportamiento "antisocial" pero podemos conseguir que no tengan problemas de conducta graves en su vida diaria.
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El proceso de socialización afecta a toda una especie, no a unos individuos concretos es decir, cuando el cachorro trata con su familia humana está aprendiendo a reconocer al ser humano como integrante de su sociedad, al conocer unos cuantos perros aprenderá que todos los perros son igualmente de su especie, etc.
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CON LAS PERSONAS Es importante que el perro se relacione con niños durante la fase de socialización ya que podría aprender a reconocer sólo a los adultos como "sereshumanos-caninos". No hay que olvidar que durante la vida de un perro tendrá que relacionarse en algún momento con niños. Además es la oportunidad adecuada ya que el perro es todavía un cachorro y será más fácil conseguir que los padres acepten a nuestra mascota como compañero de juego de sus hijos, ya que si el perro es de gran tamaño más adelante podrían mostrarse reticentes a dejar que su hijo se acerque. |
Algunos de los ataques que se producen de perro hacia niños son consecuencia de esta falta de socialización. El perro no identifica a los niños muy pequeños como seres humanos, por lo que actúa con ellos como si de una presa se tratase, sus movimientos erráticos activan su instinto de caza. Se trata de casos muy raros y que hubieran sido fácilmente evitables permitiendo el contacto del animal a una edad temprana con niños. |
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CON OTROS PERROS... Debemos dejar a nuestro cachorro jugar con otros perros para que aprenda a relacionarse con ellos. Por desgracia, el calendario de vacunas juega en contra nuestra en el proceso de socialización. Durante esta fase la mayor parte de los cachorros no están aún inmunizados y no es recomendable desde el punto de vista sanitario sacarlos a la calle a relacionarlos con otros perros. Dejar que el perro de un amigo nos visite en casa no es menos arriesgado ya que aunque esté vacunado y sano puede ser portador de algún virus que sí afecte a nuestro cachorro.
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El problema se agudiza si el cachorro ha sido separado demasiado pronto de su madre y sus hermanos. Hay anuncios en los que la gente pide “cachorro de hasta dos meses”. Eso es una salvajada, hasta al menos los dos meses de edad el perro debería permanecer con su madre y con sus hermanos. La madre le enseñará las normas básicas de conducta en sociedad mejor que nadie, y con sus hermanos tendrá la oportunidad de desarrollarse psíquicamente sano mediante el juego y la comunicación propia de su especie. Impidiendo este contacto precoz conseguiremos un animal asustadizo o agresivo. |
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En cuanto el perro esté inmunizado debemos dejarle que se relacione con otros perros, tanto adultos como cachorros, huiremos de perros agresivos, pero debemos dejarle jugar con sus compañeros libremente aunque se lleve de vez en cuando algún revolcón, eso forma parte del proceso natural de educación en la manada. Sobreproteger al cachorro causará más perjuicios que beneficios. El perro tiene que aprender a relacionarse con los otros, no hay ningún cachorro que no se haya llevado alguna bronca por parte de un adulto hasta que ha aprendido a comportarse. Un perro adulto raramente causará daños a un cachorro. Sus pautas de comportamiento a este respecto son muy claras, los perros mentalmente sanos están “programados” para parar la agresión en cuanto el contrario se somete, por lo que nunca herirán a un cachorro. Tan solo un animal desequilibrado o mal socializado morderá en serio a un cachorro, los demás dueños nos podrán decir cuáles son los perros "indeseables" del parque. |
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Hoy en día es más común ver perros mal socializados con otros perros que con los seres humanos, aunque puede darse el caso, por ejemplo en perros criados en perreras o grandes criaderos, sin contacto familiar con el hombre. Si somos poseedores de un perro adulto mal socializado (bien sea hacia el hombre o hacia otros perros) hay poco que hacer para solucionar el fondo del problema, pero con mucho tacto y una buena educación podemos conseguir que esta falta de socialización no se convierta en un problema: que no tenga miedo a los perros o a las personas. |
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Aunque no llegará a considerarlos nunca como de la misma especie, puede aprender a convivir con ellos en armonía. Por ejemplo un perro que no se socializó con gatos los considerará normalmente como una pieza de caza que perseguir, pero si de adulto metemos un gato en casa podemos conseguir primero que se acostumbre, y posteriormente incluso que se relacione con él sin ningún problema, compartan juegos y sean como dos hermanos, pero probablemente el perro siga opinando lo mismo que antes del resto de los gatos, en esta fase de su vida si conoce a un miembro de una especie no generaliza con los otros miembros, tan solo acepta al animal en cuestión. Algo así intentaremos que ocurra con nuestro perro mal socializado, acostumbrándole a un grupo cerrado de humanos o de perros de una forma positiva o amistosa |
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