Ya conoces el refrán: "La primavera la sangre altera" y nuestros perros no iban a ser la excepción. En estas fechas la mayor parte de las perras entran en celo. Es un momento peligroso tanto para las hembras como para los machos. Es un error elegir un macho pensando que así te "libras del rollo de los celos", al contrario, te tocará sufrir el de todas las perritas de tu barrio.


El celo, al contrario de lo que ocurre con la menstruación humana, es el período fértil de las perras. El primer celo suele aparecer entre los seis meses y el año o año y medio de edad, lo habitual es que las perras pequeñas maduren antes que las de razas más grande.

LOS PRIMEROS SÍNTOMAS

Los machos empiezan a prestar una inusual atención a tu perrina. Los cambios físicos más notables son el aumento del tamaño de la vulva y el comienzo de las pérdidas de sangre. Durante los primeros días puede ser más que sangre una secreción clara y mocosa, en poco tiempo se convierte en sangre de un rojo intenso, las pérdidas no son muy abundantes, tan solo unas gotas que la perra suele encargarse de limpiar por sí misma.
Lo normal es que durante este período, de duración variable entre una semana y diez días, la perra rechace a los machos. Su organismo se está preparando para la futura gestación, sin embargo si durante estos días se produjese una monta, el riesgo de embarazo es notable ya que los espermatozoides pueden esperar varios días a que se produzca la ovulación.


La siguiente semana es la época más fértil, ya ha ovulado y suele mostrarse receptiva a los machos, atendiendo a sus juegos y facilitando la monta apartando la cola.

La sangre se vuelve más clara y menos abundante. Los cambios más evidentes de esta fase serán en su comportamiento. Estará nerviosa y puede perder el apetito. Hay que tener cuidado para que no se escape en busca de machos.


Hay algunas perras que rechazan a los machos incluso ahora, no dejándose montar en ningún día del estro, pero no es lo normal.
Tras este período de entre siete y diez días irá perdiendo progresivamente el interés en los machos, volverá a no dejarse montar, rechazando los intentos de acercamiento de los perros, habrá dejado ya de sangrar y en pocos días mostrará su carácter habitual.


Este proceso se repetirá dos veces al año, generalmente en primavera y otoño.


El celo no ha de ser un inconveniente para elegir una hembra, como ves es un período relativamente corto, de unos 21 días en total, de ellos algo menos de la mitad son los más "peligrosos" cuando la perra se deja montar. Si lo que te preocupa es la sangre existen braguitas especiales para perras para evitar que manchen la casa.


Dos meses después del celo, y sin que haya habido monta, la perra puede mostrar síntomas de embarazo, se trataría del mal llamado embarazo psicológico, o pseudogestación pero este será el tema de un próximo artículo.

 

Y LOS MACHOS....

Tu perro está muy raro, cuando sales a pasear parece que nunca se canse de oler el suelo, de repente levanta la cabeza, se queda con la mirada fija en el infinito y a veces castañetea los dientes en una especie de trance... tranquilo, tu perro no está poseído por ningún extraño poder, ha olido una perra en celo.

Los machos no entran en celo, si bien pueden mostrarse especialmente nerviosos cuando notan que hay muchas perras en celo en su entorno.


Para algunos ejemplares la temporada de celo es una pesadilla, dejan de comer, se muestran ansiosos e intentan escaparse para buscar compañera. Tampoco es extraño que se peleen con otros machos en presencia de hembras en celo.

Al contrario de lo que pueda parecer, dejar que el perro monte una perra “para desahogarse” no solucionará el problema. Tan pronto como se recupere estará igual de ansioso que antes.

Hay otros a los que no parece afectarles tanto, tan solo muestran esos síntomas cuando están en presencia de una hembra en celo, luego se les pasa.

Nada podemos hacer para que nuestro perro actúe en uno u otro sentido, no es un problema de educación. En algunos perros el problema llega a ser grave, con importantes pérdidas de peso y un estado generalizado de ansiedad nada positivo, en esos casos cabría plantearse la castración del animal para mejorar su bienestar. Es una operación sencilla y sin mayores efectos secundarios.

 

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